Química cerebral
y depresión
Alteraciones químicas y
depresión
El cerebro
humano es un órgano extremadamente complejo, compuesto por unos
cien mil millones de células nerviosas conectadas entre si y un
número aún mayor de otros tipos de células. En el cerebro se
encuentran, además, cientos de sustancias químicas que
continuamente llevan a cabo diversas tareas. Se han llevado a
cabo investigaciones que parecen apoyar la idea de que existen
personas cuya química cerebral las predispone a entrar en
estados depresivos. Esto no necesariamente entra en conflicto
con las explicaciones de tipo psicológico. Debemos recordar que
todos nuestros pensamientos y emociones tienen un fundamento en
la química cerebral. También sabemos que si bien la química
cerebral influye sobre nuestras emociones, estados de ánimo y
pensamientos, éstos también influyen y alteran nuestra química
cerebral.
El estrés, el dolor, la pena,
al igual que diversas enfermedades, producen cambios y
variaciones en nuestra química cerebral. Los cambios
hormonales, las deficiencias nutricionales al igual que ciertos
medicamentos también pueden alterar la química cerebral. En la
mayoría de las personas estas alteraciones tienden a regresar a
la normalidad, tan pronto se remueven las circunstancias que
las provocaron. En el cerebro de las personas deprimidas, sin
embargo, estos cambios, en lugar de revertir al estado
anterior, tienden a perpetuarse. Adquieren la capacidad de
sostenerse por sí mismos sin necesidad de circunstancias
externas que les sirvan de disparador y de ese modo continúan,
aún cuando se remueva la circunstancia que les dio inicio. En
algunos casos ni siquiera es posible identificar una
circunstancia que haya servido de disparador.
Se ha postulado
que en la persona deprimida la alteración de la química
cerebral continúa durante largo tiempo. El estado depresivo
resultante causa problemas tales como: falta de concentración,
dificultades para dormir y para funcionar en el trabajo, al
igual que problemas familiares que crean en la persona un
estado de estrés. Ese estrés, a su vez, sirve para perpetuar o
incluso, incrementar, la alteración de la química cerebral. De
este modo la persona deprimida se encuentra encerrada en un
estado de desesperanza del que no parece haber
salida.
Afortunadamente, este estado
parece ser uno auto-limitado. Tras un periodo que puede
fluctuar entre seis meses y unos tres años comienza a
producirse un retorno a una química cerebral normal, aun cuando
la persona no haya recibido tratamiento. Sin embargo, en ese
tiempo la depresión, aparte del sufrimiento que provoca, puede
haber causado enormes daños a la persona en su empleo, sus
relaciones sociales y familiares y en numerosas otras áreas de
su vida. Peor aún, puede ser que el retorno a una química
cerebral normal nunca se produzca porque la persona se
suicidó.
Los neurotransmisores y
la depresión
Hoy día, quienes investigan los
aspectos bioquímicos de la depresión, concentran sus esfuerzos
mayormente en los efectos de una serie de neurotransmisores
(sustancias que sirven de mensajeras entre las células
nerviosas). Se sabe que en el cerebro existen docenas de
neurotransmisores, sin embargo, los que se estima están
involucrados en la depresión pertenecen a una clase derivada de
los aminoácidos (moléculas a partir de las cuales se construyen
las proteínas). A éstos se les conoce como monoaminos y entre
los mismos se encuentran: la serotonina, la norepinefrina y la
dopamina. Sobre los efectos de los dos primeros es que tenemos
mayor abundancia de datos. El interés en estas sustancias surge
a comienzos de la década de 1950, cuando algunos médicos
observaron que muchos pacientes que eran tratados para
problemas de hipertensión con una droga llamada reserpina,
comenzaban a sentirse severamente deprimidos. Posteriormente se
descubrió que este medicamento tenía el efecto de reducir los
niveles de monoaminos.
En la década de 1960 Joseph J.
Schildkraut de la universidad de Harvard postuló que la
depresión era causada por una deficiencia de norepinefrina en
ciertos circuitos cerebrales. Posteriormente se encontró que,
de hecho, existe una relación entre los niveles de
norepinefrina en el cerebro y la depresión. Sin embargo,
también se ha encontrado que hay personas en las que una baja
en los niveles de norepinefrina no provoca estados depresivos.
Hallazgos como éstos hicieron pensar que en la depresión hay
muchos más factores envueltos.
La serotonina
Ya en la década de 1960 se
comenzó a investigar el papel de la serotonina en la depresión.
Actualmente un gran numero de investigaciones van dirigidas a
entender las funciones de esta sustancia en el cerebro. Estas
investigaciones han llevado a pensar que la serotonina controla
una serie de mecanismos cerebrales relacionados con nuestros
estados emocionales. Las células que producen la serotonina en
el tallo cerebral tienen conexiones con numerosas áreas del
sistema nervioso, incluyendo aquellas que controlan los niveles
de norepinefrina. También se conectan con áreas del cerebro
relacionadas con las emociones, el deseo sexual, el sueño, el
apetito y los procesos cognitivos. Las investigaciones han
demostrado que las personas deprimidas poseen niveles bajos de
serotonina en el cerebro. Los más bajos niveles se han
encontrado en personas que se han suicidado o intentado
suicidarse.
Aunque, indudablemente, la baja
en los niveles de neurotransmisores como la serotonina y la
norepinefrina están involucradas en la depresión, también
existen otras sustancias cuyas altas o bajas pueden ser
causantes de estados depresivos. Nos referimos a las hormonas.
Las hormonas son sustancias secretadas por las glándulas
endocrinas como la pituitaria, la tiroides o las adrenales, y
cuya función es la de regular procesos tales como: el
metabolismo, el crecimiento, y la
reproducción.
La glándula pituitaria
localizada en la base del cerebro ha sido llamada la glándula
maestra o la glándula controladora. Esto a causa de que las
hormonas que produce controlan las secreciones de otras
glándulas. Una región del cerebro, adyacente a la pituitaria
conocida como hipotálamo, segrega varias sustancias que,
dependiendo de las circunstancias, estimulan la secreción de
hormonas por parte de la pituitaria o la
inhiben.
Se ha demostrado que las
personas deprimidas presentan una respuesta pobre a las
sustancias que estimulan la secreción de varias de estas
hormonas, entre ellas la hormona del crecimiento y la hormona
estimuladora de la tiroides.
Hormonas de estrés y
depresión
Probablemente el aspecto
hormonal que mayor atención ha recibido es el de la conexión
entre las hormonas que regulan es estrés y la depresión. Cuando
tenemos la necesidad de enfrentarnos a una situación que
amenaza nuestra seguridad física o psicológica, el hipotálamo
comienza a enviar señales hormonales a la pituitaria, que a su
vez envía otras señales a las glándulas adrenales localizadas
en la parte superior de los riñones. Las adrenales segregan una
hormona llamada cortisol que sirve para preparar nuestro
organismo para enfrentarse al peligro. Uno de los resultados de
los cambios hormonales relacionados con el estrés es que el
cerebro se ve invadido por una serie de sustancias químicas,
que estimulan las áreas que tienen que ver con los estados
emocionales e inhiben las que tienen que ver con la
concentración y el pensamiento racional. La producción de
serotonina se ve también afectada. Cuando esta situación se
prolonga demasiado, el resultado es un estado de depresión, con
cansancio crónico e incapacidad para concentrarse en las tareas
cotidianas.
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