¿Qué es la
depresión?
La depresión
es la incapacidad de construir un futuro
- Rollo
May
Es el infierno
sobre ruedas. Emocionalmente devastadora
- Un paciente de
depresión mayor
Algunas
personas piensan que la depresión es un estado de
tristeza que puede superarse a base de fuerza de voluntad
o a través de involucrarnos en actividades
placenteras. Sin embargo, los que han padecido de este
mal o los que lo han estudiado a profundidad saben que
nada más lejos de la realidad. La depresión es una
enfermedad que roba a sus víctimas la alegría, la
esperanza y el deseo de vivir. Puede causar daños a
numerosos órganos de nuestro cuerpo y predisponernos a
otras enfermedades.
Los estudios
llevados a cabo utilizando nuevas técnicas que
permiten observar ciertos aspectos del funcionamiento del
cerebro, que anteriormente no era posible observar y
los cada vez mayores conocimientos acerca de la química
cerebral, nos proporcionan un entendimiento general
aunque incompleto y en muchos aspectos aún no muy
bien claro de los aspectos biológicos de
la depresión.
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Hoy sabemos que en el cerebro de
las personas deprimidas se producen una serie de cambios
químicos y estructurales. También entendemos que existen
factores genéticos que influyen en la probabilidad de caer en
una depresión mayor y que para manifestarse en forma de un
estado depresivo estos factores necesitan de ciertos
factores ambientales que les sirvan de
disparador. Sabemos también que existe una relación
estrecha entre el estrés, y particularmente entre la forma
en que diversas personas lo manejan, y la depresión. Todo
esto nos indica que en el desarrollo de la depresión
pueden influir uno o varios factores.
Las diversas formas de la
depresión
A finales del 2007
la escritora estadounidense Daphne Merkin comenzó su más
reciente batalla con la depresión. Ésta era una guerra
que había comenzado a una edad muy temprana. Ya a
los diez años fue hospitalizada por primera vez porque
lloraba continuamente. Ahora, pasados muchos años, se
encontraba en una actividad social de despedida de año
cuando una serie de horribles e incontrolables
pensamientos comenzaron a apoderarse de su mente: "Eres
un fracaso", "una carga," "no sirves", "no vales nada".
Durante varios meses trató infructuosamente de elevar su
estado anímico a través de la lectura, el trabajo, un
viaje de placer y su acostumbrada dosis de medicamentos.
A pesar de esto su estado anímico lejos de mejorar,
empeoraba cada día. Llegó a una etapa en la que meramente
enfrentarse a un nuevo día le era insoportable de modo
que abandonó casi todas sus actividades. Comenzó a
levantarse cada vez más tarde y dejó de contestar el
teléfono. Se sentía continuamente cansada y ya no podía
leer porque su mente era incapaz de concentrarse siquiera
en un titular del periódico, perdió el deseo de comer por
lo que rebajó unas treinta libras de peso. Sus
movimientos se hicieron más lentos y su voz adquirió un
tono distinto más grave y monótono. Así llegó el momento
en el que el suicidio parecía ser la única salida. Unos
días después, incapaz de luchar contra una condición que
parecía tener vida propia y que no estaba sujeta a su
voluntad, ingresó a una clínica
psiquiátrica.
Unos años atras el
periodista canadiense Joey Slinger tuvo uno de sus
encuentros con la depresión. El primero de éstos había
tenido lugar muchos años atrás, mientras cursaba estudios
universitarios. Varios días antes de sus exámenes finales
se encerró en su dormitorio y durante dos semanas se negó
a salir de allí. Siete años después, mientras trabajaba
en un periódico de la ciudad de Vancouver, sufrió otro
ataque de depresión. Desconectó el timbre de los
teléfonos, tanto el de su casa como el de la oficina ya
que no quería escuchar cuando alguien intentaba llamarlo.
Pasó muchas horas deambulando por los alrededores de un
puente cercano pensando en suicidarse. Ahora, en su más
reciente ataque de depresión, Slinger decidió súbitamente
renunciar a su empleo como columnista humorístico en el
Toronto Star, el periódico de mayor circulación de Canadá
y consiguió un puesto de oficinista en una librería
local. Este era un trabajo rutinario en el que ganaba
mucho menos dinero que en su empleo anterior. Su nuevo
trabajo era uno que requería mucho menos esfuerzo
intelectual y en el cual la presión de producir con
determinado límite de tiempo no
existía.
Aunque estos casos
son típicos, no representan la única manera en que la
depresión se manifiesta. Algunas personas deprimidas se
encierran, dejan de comer, rechazan ver a sus amistades,
e incluso rehúsan bañarse o cambiarse de ropa. Para
muchos, la vida deja de tener sentido. Las cosas que les
producían placer ya no les interesan y todo adquiere una
tonalidad gris, no meramente figurativa, sino incluso
literal. Existen estudios que señalan que en algunas
personas deprimidas ocurre una especie de embotamiento de
los sentidos: los colores se perciben menos brillantes,
el sabor de la comidas casi se pierde y los sonidos de la
música pierden su esplendor.
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