Optimistas y pesimistas
A pesar del moderno énfasis en
la identificación de mecanismos biológicos y genéticos que
expliquen el origen de la depresión, algunos psicólogos y
estudiosos consideran que para entender ésta es necesario
recurrir a numerosos factores de tipo psicológico y social.
Este enfoque no necesariamente es incompatible con el enfoque
biológico. Hay que recordar que los eventos sociales impactan
al ser humano a través de mecanismos psicológicos y estos
mecanismos tienen su fundamento en las funciones del cerebro y
en sus características biológicas.
¿Depresión aprendida?
Probablemente el modelo
psicológico de mayor utilidad para explicar la depresión es el
desarrollado por Martin Seligman, profesor de psicología en la
Universidad de Pennsylvania, y pasado presidente de la
Asociación Psicológica Americana. Seligman comenzó sus
investigaciones estudiando la reacción de unos perros ante un
choque eléctrico. Seligman empleó tres grupos de perros. A los
perros del primer grupo se les daba un choque eléctrico del
cual podían deshacerse con tan solo apretar un panel con la
nariz. El segundo grupo recibió el mismo choque eléctrico que
el primero, pero dependían de los perros del primer grupo para
escapar. Sólo dejaban de recibir el choque eléctrico cuando un
perro del primer grupo apretaba el panel ya mencionado. En
otras palabras, los perros del primer grupo eran los que tenían
control de la situación. El tercer grupo no recibió choque
eléctrico alguno. Una vez concluida esta parte del experimento,
los perros fueron colocados en un cajón electrificado que tenía
una pequeña barrera que los perros podían saltar para llegar al
otro lado y así escapar del choque eléctrico. Lo interesante
fue que los perros pertenecientes al primer y tercer grupo, es
decir los que habían tenido control de la situación sobre los
choques eléctricos y los que no habían recibido choque
eléctrico alguno, aprendieron en cuestión de segundos la forma
de escapar y así lo hicieron. Los perros del segundo grupo, por
su parte no hicieron ningún esfuerzo para escapar del choque
eléctrico, sino que sencillamente se acostaban y gemían. Habían
aprendido a sentirse y comportarse como si estuviesen
totalmente desvalidos. Posteriormente Seligman y sus
colaboradores demostraron que muchos seres humanos actúan de
forma similar.
Seligman encontró que las
personas que al igual que los perros del segundo grupo, actúan
como si no tuvieran control sobre los eventos que afectan su
vida, son más propensos a la depresión.
Estilos explicativos y
depresión
Lo importante parece ser lo que
Seligman denominó el estilo explicativo, es decir la forma en
que las personas se explican a sí mismas los sucesos que les
acontecen. Seligman divide a las personas en dos tipos
fundamentales, los optimistas y los pesimistas. Según él somos
optimistas por naturaleza. Sin embargo diversas circunstancias
pueden hacer que aprendamos a interpretar el mundo desde una
perspectiva pesimista. Es importante señalar que el optimista
no necesariamente esta más correcto que el pesimista en su
apreciación de la realidad. Lo que hace la diferencia es que
las personas optimistas interpretan la realidad de un modo que
les proporciona mayor felicidad.
Mientras los pesimistas piensan
que las cosas suceden sin que ellos puedan hacer nada para
remediarlo, los optimistas piensan que pueden ejercer control y
mejorar la situación.
Según Seligman hay tres facetas
importantes del estilo que utilizamos para explicar la
realidad. Estas son:
Permanencia -
cuando las personas pesimistas se encuentran con un
acontecimiento desagradable tienden a verlo como permanente.
Los optimistas por el contrario lo ven como algo pasajero o
temporero. En otras palabras, los pesimistas piensan que las
cosas malas o desagradables siempre están sucediendo, mientras
que las cosas buenas o agradables son sólo una casualidad o un
estado anormal de las cosas.
Interpenetración
(Pervasiveness) - es la tendencia a ver las cosas en
términos universales. Los pesimistas piensan en los eventos
desagradables en términos universales. Utilizan términos tales
como: “nunca”, “siempre”, “todo el mundo”, “nadie”, etc. Dicen
por ejemplo: “las cosas siempre me salen mal", “todos los
hombres (o las mujeres) son sinvergüenzas”. Los optimistas, por
el contrario, piensan sobre estos eventos en forma específica:
“este hombre (o esta mujer) se ha portado como un
sinvergüenza”, “este asunto me salió mal”. En cuanto a los
eventos buenos o agradables los patrones se invierten. Ahora
son los optimistas los que interpretan estos eventos utilizando
términos universales, mientras que los pesimistas los
interpretan empleando términos específicos.
Personalización - cuando nos suceden cosas
desagradables tenemos la opción de culparnos a nosotros
mismos(as) o culpar a las circunstancias. Los pesimistas por lo
general se culpan a sí mismos. Si se cuelgan en un examen
piensan que son poco inteligentes o que no estudiaron como
debían. Los optimistas piensan que el examen estuvo mal
diseñado o que no hubo tiempo suficiente para prepararse. Como
señalamos anteriormente, no se trata de dar una interpretación
correcta. Es posible que fracasar en el examen haya sido, de
hecho, resultado de no haber estudiado como debían. Sin embargo
la persona que interpreta el fracaso como algo sobre lo cual no
es responsable es más optimista y mantiene más alta su
autoestima.
Si usted es un pesimista
posiblemente piensa que habrá de ser así por siempre. Sin
embargo, lo cierto es que tanto el optimismo como el pesimismo
son en gran medida patrones de pensamiento que han sido
aprendidos y que podemos cambiar. Esto puede brindarnos la
oportunidad de mejorar, tanto nuestro bienestar físico como
emocional y proveernos de una barrera contra la
depresión.
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