Herencia y
depresión
Durante largo tiempo se ha
librado una batalla en el campo de los estudios de la conducta
humana entre quienes creen que los principales rasgos de la
conducta y la personalidad vienen determinados por nuestros
genes y otros que piensan que el aprendizaje o el ambiente son
los factores determinantes. En décadas recientes esta batalla
se ha extendido al campo de los problemas mentales y a los
desórdenes afectivos de los cuales la depresión es el más
extendido.
Los recientes avances en la
genética nos están llevando a un mejor entendimiento de
aquellos factores de nuestra biología que influyen sobre
nuestras características mentales. Algunas personas tienen la
idea de que cuando hablamos de la relación entre genética y
depresión o de herencia y depresión estamos hablando de
factores total y absolutamente determinantes. Con frecuencia
las personas le preguntan a su médico si determinada condición
como la diabetes, la esquizofrenia, o la enfermedad de
Alzheimer es hereditaria. Sin embargo el problema es mucho más
complejo.
Los genes y la depresión
Estudios clínicos recientes han
producido evidencia sustancial de que el riesgo de sufrir una
depresión mayor corre en familias y se transmite por medio de
mecanismos genéticos. En un estudio llevado a cabo en 1998 en
la escuela de medicina de Washington University en Missouri, se
encontró que en las personas que padecen depresión y que además
tienen algún pariente cercano (padre, madre, hermano, hermana,
hijo hija), un área de la región prefrontal del cerebro es más
pequeña que en las personas que no padecen de depresión o que
en aquéllas cuya depresión no corre en la familia. Esto sugiere
que la depresión heredada es distinta a otros tipos de
depresión.
En la actualidad una buena
cantidad de esfuerzos van dirigidos a identificar los lugares
precisos en los cromosomas humanos que están relacionados con
esta mayor vulnerabilidad a la depresión. Sin embargo, la tarea
no es sencilla debido a varios factores. En primer lugar, la
depresión es tan común que posiblemente no haya una sino varias
mutaciones genéticas implicadas en la misma. Es muy posible que
cada una de estas alteraciones genéticas haga una pequeña
contribución al desarrollo de la depresión que de por sí sola
sea difícil detectar. En segundo lugar, en las enfermedades
degenerativas como la esclerosis múltiple o la enfermedad de
Alzheimer, la tarea es mucho más fácil ya que se pueden
observar claramente unos extensos cambios estructurales en el
cerebro. En el cerebro de las personas deprimidas no se
producen cambios tan extensos y los que se producen son de
naturaleza temporera, es decir desaparecen con el tratamiento y
la remisión de la depresión. La naturaleza episódica de la
depresión y la diversidad de edades en las que se puede
manifestar por vez primera, también convierten en difícil la
tarea de observar el modo en que se manifiesta en diversas
familias.
En un estudio publicado por
varios investigadores japoneses a finales de 2002 se concluye
que lo que se hereda no es tanto la depresión sino ciertos
tipos de temperamento que predisponen o hacen a una persona más
vulnerable a la depresión. Sin embargo, estos factores
temperamentales actúan conjuntamente con factores de tipo
ambiental. En otras palabras, para que esa vulnerabilidad a la
depresión se manifieste y se produzca un estado depresivo, se
necesitan ciertos factores en el ambiente externo o en el
entorno social que le sirvan de disparador.
En el primero de una serie de
artículos publicados a partir de abril de 2009 en la revista
Psychiatric Times se señala que lo que se está descubriendo es
que ciertos genes predisponen al desarrollo de ciertos patrones
funcionales y estructurales en el cerebro. Estos patrones a su
vez promueven la manifestación de síntomas relacionados con
desórdenes tales como la depresión y otros trastornos anímicos
cuando se presentan situaciones ambientales retantes. Entre
estas situaciones figuran prominentemente el estrés, pérdidas y
tragedias personales así como problemas familiares y en el
empleo. Situaciones que pudieran parecer positivas, como por
ejemplo, un nuevo empleo con mayores responsabilidadespueden
también representan un reto y pueden hacer que en algunas
personas se desarrollen síntomas de
depresión.
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